¿Cuál es la normativa para los vehículos diésel y cómo se aplica?

Las normas de emisiones Euro 6 son las más estrictas hasta la fecha. Pero, ¿qué representan para los vehículos diésel y de gasolina, y cómo se llevan a la práctica?

 

La UE tiene un marco normativo ambicioso para reducir las emisiones de contaminantes de los vehículos turismos y vehículos pesados. Son las llamadas normas de emisiones Euro.

Desde 1992, se han ido aprobando las normas Euro que son cada vez más restrictivas para las emisiones de contaminantes admisibles para un vehículo, como partículas (PM), óxidos de nitrógeno (NOx), hidrocarburos (HC) inquemados y monóxido de carbono (CO).

Los resultados son impresionantes, si bien en 1992 un turismo diésel podía emitir 140 miligramos de partículas por kilómetro, esta cifra se redujo hasta 4,5 miligramos en 2014. Durante ese mismo período, la limitación de emisiones de NOx se redujo desde 970 (combinadas con los hidrocarburos inquemados) hasta 80 miligramos por kilómetro.

Esta reducción progresiva de las emisiones es el resultado de un compromiso entre la UE y el sector de la automoción para mejorar la calidad del aire. Las mejoras tecnológicas, junto con las medidas legislativas, han favorecido la fabricación de vehículos más ecológicos.

Las últimas normas Euro 6 requieren que los coches diésel se equipen con sistemas de postratamiento de NOX de los gases de escape de alta eficiencia, que reduzcan y controlen las emisiones de NOx por el tubo de escape.

Gracias a la introducción de nuevos y más rigurosos procedimientos de pruebas, los consumidores pueden tener la certeza de que los coches diésel que compren cumplirán los criterios de emisiones más estrictos  establecidos por la UE.

Al crear la prueba de emisiones en conducción real (RDE, por sus siglas en inglés), la UE se convirtió en la primera región del mundo en introducir las pruebas en carretera. Con este procedimiento, un coche nuevo se prueba en las carreteras públicas sometido a distintas condiciones: diferentes altitudes y velocidades (altas y bajas), conducción en pendiente y cuesta abajo, diversas cargas útiles para el vehículo y temperaturas ambiente.

Estas condiciones de prueba en el mundo real cubren más del 90 % de los hábitos y condiciones de conducción en Europa. De esta forma se garantiza que las pruebas reflejen condiciones de conducción reales en lugar de condiciones de laboratorio, y que los vehículos generen las emisiones exigidas por la ley.

  • Un coche preparado para las pruebas de emisiones en carretera (crédito: BASF Catalyst)

 

 

Cómo los nuevos procedimientos de prueba reflejan mejor las emisiones en el mundo real

Los organismos controladores de EE. UU. confirmaron en septiembre de 2015 que había una gran diferencia entre las emisiones de contaminantes de un coche diésel al medirlas durante la prueba en laboratorio y la prueba en carretera. Esta discrepancia se detectó principalmente para las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx).

La UE ya estaba desarrollando (desde 2011) el procedimiento de prueba RDE, que empezó a aplicarse el 1 de septiembre de 2017. Este nuevo reglamento, más estricto que las metodologías anteriores, mide las emisiones de contaminantes cuando el coche se conduce en carretera.

Antes de comercializar un vehículo en el mercado europeo, este tiene que pasar por un tipo de proceso de aprobación llamado “homologación”. Hasta 2017, los vehículos solo se sometían a pruebas en un entorno de laboratorio y se comparaban los niveles de emisiones con los límites máximos establecidos por las normas Euro.

Actualmente, tras la implantación de la prueba RDE, los coches tienen que probarse con los llamados sistemas de medición portátil de emisiones (PEMS, por sus siglas en inglés), que controlan en tiempo real las emisiones de los principales contaminantes, como los niveles de NOx y partículas. Antes de que se apruebe la venta de un vehículo en la UE, el fabricante tiene que garantizar que el vehículo se ajustará al nivel máximo de emisiones cuando se pruebe en carretera, y que se encuentren dentro de los límites marcadas por el protocolo RDE y definidas en la normativa.

Además, estos resultados de emisiones medidos en carretera junto al compromiso mostrado, se han hecho públicos con el objetivo de ayudar a los consumidores a seleccionar los vehículos conforme a sus especificaciones medioambientales.

Si bien en 1992 un vehículo turismo diésel podía emitir 140 miligramos de partículas por kilómetro, esta cifra se redujo hasta 4,5 miligramos en 2014. Durante este mismo período, los límites en las emisiones de NOx se han reducido de 970 a 80 miligramos por kilómetro.

La prueba RDE complementa ahora a la prueba de laboratorio y, por tanto, garantiza que los vehículos respeten las bajas emisiones exigidas, tanto en el entorno de laboratorio como en la carretera.

Las pruebas de laboratorio también se han mejorado. Hasta hace poco, los vehículos se probaban conforme a los requisitos del nuevo ciclo de conducción europea (NEDC), prueba desarrollada en los años 80.

La prueba NEDC se ha quedado obsoleta debido a los desarrollos tecnológicos y a los cambios en las condiciones de conducción. Por tanto, los organismos reguladores de la ONU y la UE han desarrollado una nueva prueba: el procedimiento mundial armonizado para el ensayo de vehículo ligero (WLTP, por sus siglas en inglés). La finalidad era reflejar mejor el rendimiento en carretera de este tipo de vehículos. Se implementó en la UE el 1 de septiembre de 2017.

Los nuevos vehículos registrados se prueban ahora conforme al ciclo de prueba WLTP en laboratorio, que complementa a la prueba RDE en carretera.

 

Hacia un futuro más eficiente en el sector del transporte

Los consumidores pueden tener la certeza de que los coches diésel que compren cumplirán los últimos criterios de emisiones más rigurosos establecidos por la UE gracias a la introducción de nuevos procedimientos de prueba más fiables. La calidad del aire, en especial en entornos urbanos, se ha convertido en un tema de salud pública importante.

Al cumplir con el último reglamento RDE, los coches ofrecerán las mejoras en la calidad del aire que los ciudadanos, las autoridades locales y los estados miembros de la UE demandan.

La revisión del marco legal debería restablecer la confianza y transparencia en los procesos de desarrollo y comercialización de los turismos diésel y de gasolina dentro del mercado europeo.